Hugo Mancuso - Ensayo
"La restauración nacionalista (1909 [1922]) representa, asimismo, junto con Eurindia (1924), también de Ricardo Rojas, el primer indicio, todavía no subsanable por cierto, de arrepentimiento, fractura y primeras dudas sobre el destino de esa sociedad (argentina) cosmopolita. Rojas representa el primer límite, el primer indicio, el primer signo de arrepentimiento o de temor de la clase dominante ante tal explosión y expansión de esa cultura irrefrenable y creadora. Rojas intenta comprender y salvar el modelo; sin embargo sus límites -ideológicos y de clase- le impiden comprender, y en cierta medida son el primer indicio del drama argentino y el primer desplazamiento de la concepción positiva de la anomalía a su versión negativa: el potencial argentino, lo que había hecho grande a la cultura argentina, comienza a ser visto como la causa de sus males, ocultando y mistificando los verdaderos intereses de la hegemonía, a saber, el temor por perder el control del poder y la concentración de la riqueza. Ese temor comenzará a desarrollar, muy tímida pero sostenidamente, una desconfianza primero y una crítica después al modelo productivo nacional, y a la sociedad cosmopolita en general, situación aprovechada por algunos elementos intransigentes y reaccionarios "castizos" y algunos extremistas utópicos clasistas e internacionalistas, para socavar el modelo productivo nacional y cultural cosmopolita. A ello se suma (hacia 1950) una nueva generación autodenominada neoliberal, de extracción interclasista, que comienza a socavar el esquema productivo nacional, no para su reforma sino para su total desmembramiento, proceso que se acelera a partir de los años 70 y que culmina en la década del '90 con la total liquidación del patrimonio estatal nacional, encarnado en las empresas públicas y endeudando de modo irracional, innecesario y fraudulento al Estado argentino. Ese proceso se completa, paradójicamente, con la afirmación de una política y una teoría cultural posmoderna que, en nombre de la desterritorialización y el nomadismo, justifica la absoluta obsolescencia del concepto de nacionalidad y de identidad, teoría cultural presentada como "progresista", pero que encarna una concepción fuertemente reaccionaria por ser funcional a las teorías del desmembramiento económico y globalización transnacional. Es decir que cierto progresismo cultural de los años '80, '90 y 2000 complementa el programa de destrucción y desmembramiento del sistema productivo argentino, fundado en las presidencias históricas y mantenido como política de Estado, con ciertos altibajos, hasta 1970. La destrucción económica del país se complementa con la destrucción cultural de su identidad, en nombre de los derechos individuales, ambientales o multiculturales. La paradoja mayor es que en gran medida el autodenominado "progresismo" es funcional al más retrógrado capitalismo internacionalista y a las corporaciones abstractas que manejan impiadosamente el comercio y la economía internacional."
(Hugo Mancuso, La anomalía sociocultural argentina contemporánea. Ascenso y decadencia de la Argentina cosmopolita, 2006)
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