Nosotros, los racistas por Carlos Balmaceda

 NOSOTROS, LOS RACISTAS


Según algunas estadísticas, los aztecas, abuelos de los mexicanos, asesinaron en sacrificios rituales 250.000 tlaxcaltecas, totonacas y mixtecas. 


Algunos bajan considerablemente esas cifras a unas cuantas decenas de miles, pero de todos modos quedan fuera del registro los que murieron combatiendo contra los aztecas, muchos de los que cayeron al lado de los españoles. 


A pesar de que la cifra de 50 millones de muertos parece inflada por la "leyenda negra", es posible que de todos modos varios millones de originarios murieran a manos de los españoles, a causa de enfermedades, enfrentamientos y explotación. 


Los que instalaron esa leyenda fueron los que más beneficios sacaron de la conquista. Por ejemplo, los portugueses esclavizaron a unos 6 millones de africanos. 


Inglaterra transportó cerca de 3 millones de personas desde África entre los siglos XVI y XIX. 


De esa cifra, se calcula que unos 3,4 millones fueron embarcados a la fuerza y cerca de 3 millones sobrevivieron al viaje hacia América. Es decir, que provocaron solo por este medio un genocidio de unos 3 millones de personas. 


No es el único genocidio que cometió, entre otros eventos se cuentan: 


La Guerra Negra (1824–1831): Campaña de exterminio y desplazamiento masivo contra los aborígenes tasmanos que redujo casi por completo a la población nativa de la isla.


Guerras de la frontera australiana: Masacres sistemáticas de comunidades indígenas durante la expansión colonial y ocupación de tierras.


La Gran Hambruna de Irlanda (1845–1852): Hecatombe alimentaria agravada por las políticas económicas de exportación de alimentos del gobierno británico que provocó un millón de muertes.


Represión del levantamiento Mau Mau en Kenia (1952–1960): Confinamiento de cientos de miles de miembros de la etnia kikuyu en campos de detención y trabajos forzados, acompañados de ejecuciones y torturas masivas.


Los alemanes no inventaron los campos de concentración, lo hicieron sus colegas ingleses: 


Los británicos crearon campos de concentración durante la Segunda Guerra Bóer en Sudáfrica. Los hicieron de dos tipos, para europeos (que los enfrentaron en esa guerra) y para negros. 


Campos para Bóeres: Más de 117.000 mujeres y niños blancos fueron confinados, muriendo cerca de 27.000 por enfermedades y falta de alimento.


Campos para Negros: Alrededor de 119.000 africanos negros fueron recluidos en zonas apartadas, con una cifra de mortalidad superior a los 20.000 fallecidos debido a la escasez de recursos asignados.


Por qué nos aman los bangladeshíes: Se estima que entre 1,5 y 4 millones de personas murieron en la región histórica de Bengala por la Hambruna de Bengala de 1943, la catástrofe más destructiva vinculada a las políticas británicas en esa zona específica.


Algunas de estas políticas, como se entiende, responden a líneas estratégicas, es decir, son espantosas, pero tienen una dirección precisa, en otros casos, los ingleses improvisaron sobre la marcha, como en la Guerra Zong, en 1781 que consistió en el asesinato de 142 esclavos.


La tripulación del barco negrero británico Zong los arrojó vivos al mar para cobrar el seguro económico ante la escasez de agua dulce en la ruta hacia Jamaica.


Entre las guerras del opio y la rebelión de los boxers, los ingleses asesinaron a unos 120.000 chinos. 


Fuera de la guerra, Inglaterra creó una población de 12 millones de adictos aproximadamente. Se podría decir entonces que si una mínima parte murió por el opio, la cifra no bajaría de medio millón de personas. 


En la vecina india también hicieron lo suyo. 


En 1919 cometieron la Masacre de Amritsar cuando dispararon contra una multitud pacífica y desarmada en el jardín de Jallianwala Bagh, en la ciudad de Amritsar.


Murieron al menos 379 personas y cerca de 1.200 resultaron heridas.


Incluso los cipayos alguna vez se les rebelaron, y como a todo traidor, no les fue bien. En la represión del Motín de los Cipayos (1857) soldados indios la emprendieron contra la Compañía de las Indias Orientales que sofocaron la rebelión con ejecuciones masivas y castigos ejemplares. 


Ya mencionamos la hambruna de 1943 en Bangladesh, decidida por míster Churchill, pero en el siglo XIX, hubo otras peores: 


La Hambruna de Agra (1837-1838) dejó cerca de 800.000 fallecidos.


La Gran Hambruna de 1876-1878, con impacto en el sur y el este de la India, que se cobró unas seis millones de vidas. 


La Hambruna India de 1896, dejó como saldo cinco millones de muertos.


Entre los europeos, el que se destaca por la proporción entre su propia población, territorio y cantidad de muertes provocadas es Bélgica, que asesinó entre 8 y 10 millones de personas a causa de asesinatos, hambre extrema y las enfermedades derivadas del trabajo forzado en el Congo.


Aquí, el que no hacía su cuota diaria, era mutilado. Existe un registro fotográfico de un padre viendo a su niña mutilada porque no produjo lo suficiente. 


El genocidio cometido en 1994 en Ruanda no habría sido posible sin la tutela colonial de Bélgica, que siguiendo el ejemplo de su camarada inglés, parceló territorios y repartió caprichosamente fronteras creando las condiciones de la masacre que se produciría muchas décadas después. 


Pero el vecino francés se lleva las palmas en esto: en Argelia, apenas terminó la Segunda Guerra, cometió la Masacre de Sétif, Guelma y Kherrata cuando reprimieron marchas pacíficas que exigían independencia. Según fuentes, asesinaron entre 8000 y 45.000 argelinos. 


A la hora de matar, los franceses no le hacen asco a detalles como asesinar en plena Ciudad Luz: en 1961, la policía reprimió una manifestación pacífica de argelinos, dejando decenas de muertos que arrojaron al Sena.


En 1944 asesinaron a unos 400 soldados senegaleses que reclamaban sus salarios. 


Para independizarse, Argelia debió afrontar la tortura, desaparición y muerte de cientos de miles de ciudadanos. Esos militares instruirían a los genocidas argentinos de la última dictadura. 


Francia comerció un millón de africanos como esclavos, desmientiendo los ideales de su propia Revolución. Haití no sería hoy un estado fallido, posiblemente el país más pobre del mundo, sin la explotación y matanzas propinadas por los franceses. 


Para cometer el genocidio nazi, los alemanes practicaron con africanos. 


Entre 1904 y 1908, en la actual Namibia, exterminaron a las poblaciones nativas herero y nama, asesinando a unas 60.000 personas del pueblo herero y a 10.000 del pueblo nama (cerca del 80% y 50% de sus respectivas poblaciones). 


Luego, en las décadas del '30 al '40, ya entrenados, pudieron asesinar solo en los campos a unos 11 millones de personas. Al margen, un millón murieron de hambre y frío en Leningrado en un plan perfectamente orquestado por los nazis. 


Los italianos son conocidos por hacer tours de caza en Sarajevo, donde pagaron para asesinar personas indefensas durante la guerra de Yugoslavia. Esto parece un logro menor ante la masacre de Addis Abeba donde mataron 20.000 etíopes. 


Son europeos orientales los que siguen cometiendo el mayor genocidio del siglo XXI, judíos, jázaros y sionistas. Según los cálculos más conservadores, mataron a unos 100.000 palestinos, aunque otras cifras multiplican por cinco esa cifra. 


Podríamos considerar que Estados Unidos es el campeón de los genocidas, y no estaríamos errados. A los 200.000 japoneses que asesinaron con dos bombas nucleares, registro único en la historia de la humanidad, hay que sumarles a sus propios nativos, ¿20.000? pero nada como las 41 intervenciones armadas, entre invasiones y golpes de estado que perpetró en América Latina entre 1898 y 1994. 


Estas acciones produjeron cientos de miles de víctimas mortales indirectas y directas a lo largo de conflictos regionales, guerras civiles y dictaduras. 


Cuando hablamos de víctimas indirectas, deberíamos sumar los muertos en guerras civiles como las de El Salvador y Guatemala, pero también los cientos de miles luego de desplegar bases militares en Colombia, para convertirlo en un narco estado; más la Operación Cóndor, el guiño a la dictadura argentina de la CIA y Kissinger para que "hicieran lo que hay que hacer antes de navidad" o la intervención directa en Chile. 


El cálculo es más complejo que en Asia Occidental, donde las cifras pueden determinarse en modo industrial: 


Irak: medio millón de muertos. 


Guerra Irán-Irak, fomentada por la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza: 1.000.000. 


Guerra "civil" siria: 618.000 muertos, 113.000 desaparecidos y millones de desplazados desde el inicio de las revueltas en 2011, sumando además más de 1.000 muertos en enfrentamientos recientes de represión y violencia sectaria en la zona costera occidental. Cabe aclarar que éstos últimos fueron ejecutados por el terrorista que Estados Unidos consideró como tal, poniéndole precio a su cabeza, hasta que, una vez cumplida su misión, lo recibió en la Casa Blanca. 


En Libia, se contabilizan cientos de miles de víctimas, desde que Estados Unidos intervino allí en 2011. Hoy Libia es un estado fallido repartido tribalmente. Su líder, Muamar Gaddafi, fue linchado por una multitud, después de vejarlo en plena calle. Hillary Clinton se burló de esta muerte diciendo "vine, ví y se murió".


Con justicia, se le pueden sumar a los johnnys los 10.000 muertos mexicanos que lo fueron intentando cruzar la frontera desde hace unos 30 años. 


Es curioso: los yanquis le arrebataron a México un territorio superior a la Argentina, pero al menos en las redes sociales no se leen expresiones de condena de los descendientes de los aztecas contra ellos. Sí contra los argentinos, y en segundo lugar contra los españoles a los que les achacan un genocidio. 


En esta lista están quedando afuera los turcos, con 1.500.000 armenios asesinados, y no le estamos cargando a los ingleses el genocidio de 300.000 paraguayos ejecutados por brasileños, uruguayos y argentinos en la Guerra de la Triple Alianza, propiciada por el imperio británico, así como resulta imposible el registro de todos aquellos conflictos que atizó y de los que se benefició. 


Todas estas matanzas llevan el sello de un racismo atroz con belgas que crean un zoológico humano donde exhiben esclavos africanos, alemanes que usan la piel de judíos para fabricar veladores, judíos sionistas que comparan a los palestinos con animales y en un 80% coinciden públicamente en que hay que exterminarlos, ingleses que tratan de perros a los chinos prohibiéndoles accesos a ambos en una misma oración, del mismo modo en que lo harán los los norteamericanos con los mexicanos. 


Con su propia población negra harán lo mismo: las matanzas del Ku Klux Klan no son una excepcionalidad en la sociedad yanqui: Jessee Owens se consagra campeón olímpico en 1936 en Berlín, y será felicitado por Hitler y despreciado por Roosevelt. 


A Cassius Clay lo echan de un café con su medalla de oro en el pecho en 1960; en poco tiempo más, ya no se llamará así, se negará a pelear contra vietnamitas que no le han hecho nada, y 11 años después, se juntará a comer un asado con la CGT en el Conurbano. Entonces preguntará "dónde están los negros en este país", y Rucci le contesta "los negros somos nosotros".

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